30 de mayo de 2012

Suma de días


Tantos... efímeros, perecederos. Pero amanecieron días distintos, sin anticipos ni indicios, sin latidos ni escozores que anticipasen el reto, ni los aromas anunciando que perdurarían intactos en el recuerdo; presentes en cada instante del hoy. Fechas señaladas; cartas marcadas, en el calendario de la existencia...
La fusión con tu piel, tan mía. La comunión sublime. Respirar distinto; con la certeza del acierto.  
Días que cruzaron caminos insólitos. Encuentros imprevisibles. Eternos. 
Perdurarán cual tesoros.
Recuerdo aquel que cambió el rumbo; no había habido ni el menor indicio. No, no hubo señales. Pudo ser como tantos otros; idénticos, sumidos en la rutina de un ordinario olvidable. De horas repletas de minutos infinitos hacia ninguna parte. De la sorpresa infrecuente, sin el brillo de lo imperecedero.
No caduca tu imagen viva, en cada paso que doy. La huella labrada, inmortal del encuentro.
Qué los propician...
La decisiones o el azar. La buena fortuna o el destino. La acción o la pausa. Qué lo quiso así...
Dónde partieron los días que no vivimos, los futuros que no fueron. Las elecciones. El abandono de los sueños, el cansancio ante el reto. El error. La cobardía. El desánimo. 
Cuándo mi existencia pasó a convivir con tu imagen permanente. Cuándo tus pesares fueron los míos. Cuando tu ser abarcó todos mis rincones, hasta aquellos que te son ajenos.
Mi idea de vos que no necesitó de nada más. Y los tiempos de pausas inconclusas, incompletas. La espera; la esperanza de un mañana inesperado, generoso en la energía y las fuerzas; la fe. La meta alcanzada.
Cuando imantábamos, cuando las causalidades nos buscaron. Cuando los pasos condujeron al momento justo, al lugar indicado. Cuando ningún obstáculo pudo con nosotros, y todo fue propicio, y ni los retrasos, ni las demoras, ni los tropiezos...
Y no hubo absurdos y todo tuvo su por qué; nada era riesgo y el resultado evidencia. La energía viva; el contento. 
La circunstancias que conforman este hoy. Los sinsabores. El cotidiano insistente. 

19 de mayo de 2012

Reconstrucciones


intento recordar, traer a este presente a aquella que fui, a la que no sabía de vos; la que tenía una vida donde no eras parte. Quién era yo. La que transitó años y lugares y gentes, inicios y fines, y sufrió y vivió y fue feliz alguna vez, y sintió que la suma de pasados se habían conjugado para un presente perfecto, que todo revés había tenido su por qué. Hasta que se trato de tu muerte... De los adioses tácitos. De no saber cuándo ni cómo fue el fin.
Trato de pensar en la que deambulaba por las calles de un mar con la sola ausencia de su alma hermana, aquella que había decidido el fin sin retrocesos ni vacilaciones; la que decretó el basta ya, sin contemplaciones ni falsas creencias. Costó, sí costó. Tanto que era casi imposible pensarlo.
La que vivía en la montaña, rodeada de cielos y de brisas, de ripio y atardeceres, con el lago como único testigo.
A aquella la inquietaban otras cosas. Tendría otros sueños. Ignoraba lo que vendría; que fue tanto...
Y los amigos del alma, los de los caminos paralelos. Porque afrontar los días junto a vos, fue hermoso. Y cuesta creer que ya son nueve los años que me separan de tu partida. Del regreso a tu tierra, aquella que ya no sentías tuya. Eras tan nuestro.  
Los 23 de mayo eran suyos, desde hacía tiempo. Los días más felices, en aquel viaje impensable, de la mano de un pasado tan dañado que se lograba expiar.
No estabas vos, no sabía quien eras. No se entrecortaba el aire ni anudaba el pecho. No pensaba en vos. 
Cavilabas ausente, rogabas la piedad de la pausa, el cese del caos. No te encontrabas, pero estimo sabías, que habría tiempo. 
No puedo compartirte. Compartirte sin que sepan, que sí sos mío, tan mío como determina tu presencia constante, tu ser en mí. Y te amé así, con todos tus claroscuros, con la ambivalencia y la contradicción, con la duplicidad que determina, tu esencia toda. Volvés diáfanos los días, llenos los instantes. Siento vibrar la vida cuando estoy con vos. 
Cuesta reconocerse en el paréntesis. En ese transcurrir de horas vanas e inconclusas que no conducen a ninguna parte. Duele este dolor del descuido. Duele la suma de dolores. Dolés vos en mí. Vos que estás aquí dentro, y cuesta respirarte, y cuesta creer que alguna vez haya otros que puedan ocupar tu lugar. 
Qué o quién determinó que vos sí e infinitos tantos no. Que pasen por la vida sin huella, que sus instantes no llenen ninguno de los espacios que cuando no estás tienen asfixia de vos, dolor de vos, lágrimas que se solazan y no brotan, y traban y descreen. 
Dejame que te quiera, sólo te pido que no me dañes. Quizás lo ignores, claro, yo, la sobreviviente, tu mejor ejemplo; no valen la insistencia ni la preocupación. No deben estar permitidos los quiebres por nada después de tanto...
Vos, vos que me decías que lo extravíe en letras, en dolor hecho letras. Vos que hablabas de brasas y de bosques, de mares y de sales, de rechazo y aceptación. Vos que sos hoy quien contrae el alma. Te suplico la piedad de verme, de verme de veras. 

11 de mayo de 2012

Incongruente

y este conglomerado de ayeres vencidos, perennes en el recuerdo, y un hoy transitorio y difuso que disgrega. Mi suma atenúa, me recuerda y sostiene. Oscilo entre avatares y descuidos. Confío en tu presencia abstracta. Los días veintisiete ya no duelen, te fuiste con ellos. Tampoco hiere tu ausencia definitiva. Soy. 
Amontona y acumula, y en un segundo se vuelven miles los atardecidos.
Ya no pesa el destrato. Te quedaste ahí, en aquel crepúsculo entre montañas, en una tarde de domingo gris que anticipaba un inmediato mañana que no fue. Que temimos ser. Cuesta sin embargo creer, que ya no existe tu voz ni tu piel, y que "la ley del uno por mil" te devolveria tan poco.
Nada anticipa los fines. Nada declaró este presente; cuál fue el desvío que condujo a este reparo; de todo.
Cuánto demoró la decisión. Lo causal de la elección. Si era este el mañana demorado.
Fue quedarme. Elegir quedarme, porque la pausa y la espera y tu descuido y los adioses que no dijimos. Estabas tan dentro mío que cuesta creer que ya no. Que ya no sabremos de nosotros. Que ya no existe la necesidad de que me cuentes y yo te cuente, de que sepas todo y siguieras y guiaras cada uno de los pasos. Porque en esos pasos estabas, y porque si estuviste dentro mío fue por algo, no por una estación, ni una sola razón. 
Duele saber que fácil se vuelve ajeno aquel tan próximo, qué partícula ínfima significábamos para el desenlace, que no te tiene ni a vos ni a mí, que nos deparó avatares e imprevistos, opciones y resultados; pausas y letargos; espera y sinrazón. Porque son las sinrazones las que hacen temer, ese miedo de que vuelvan los grises y ya no haya color ni sabor en estos peldaños. La meta es cuesta arriba.
Cuando los días infinitos y la sucesión, para nada, porque ni aquel mañana nos animábamos a batallar y vivíamos en la pausa confiada y eterna de que habría tiempo.
Sólo recuerdo los pasos, mis pasos infinitos hacia todas partes, y el vértigo que cedía. 
Y esta necesidad de vos, porque todo te tiene, porque ningún cotidiano te reemplaza... 

20 de abril de 2012

Desentramados


Tu ausencia no deja rastro. No estás. No estamos. Los días y las noches trajeron este hoy, colmado de incertitud; camino de huella prefijada. El mundo en automático; digitado, intruso y hostil. Mera supervivencia. Ahínco de fortaleza.
El pesar se esconde; no vacila. Convivimos. 
No pienso en días distintos, ni en la sorpresa ni en el hallazgo sorpresivo, que devuelva vida al paréntesis. A esta suerte de pausa que arremetió y venció. Intervalo en movimiento; limitados.
Cuesta creer en los ayeres de futuros que no fueron. Cuesta cada instante; el cotidiano. Se suman los esfuerzos por salir ilesos, por no cavilar ni detenerse. Se espanta el placer y huye. 
Suma de almanaques, de deseos inconclusos, de esperas. Confiados en la tregua...
Bastará un mañana lícito y pleno. Que este devenir tenga un motivo.
Y sin embargo, vacilo ante los mañanas. Subyace el ruego. No hay temor. Hay desconcierto.
Presencias. Llegadas y partidas.
Quiero aquel ayer donde tu mano tomó la mía, donde juntos confiamos. Nos habíamos encontrado después de tanto. Vana espera que colmó los años y las pausas; la adversidad.
Si fue ahora y no antes. Antes de ayer, antes de nada. 
Vigilo impaciente. Voraz de imprevistos que traigan la llave, que expliquen el desvío.
Hoy nadie lo percibe ya. Como aquella mesa en un bar de un club de tenis, como los testigos que me observaron al revés, la mañana que amanecimos juntos, después de décadas de desencuentros. De horas impares.
Tu huella vive en mí. Desapego. Designios...
Que haya un por qué, un por algo. 
Soy esta que hoy no se detiene. Que me ampara. 
Apremia la prontitud. 
Que haya ganas, certeza;  fuerzas. Que el azar, y el asombro no se estacionen; desalmados.

7 de abril de 2012

Entrañable


... Quién era aquella otra antes de vos, cuál era mi vida donde no estabas; cuando no brotaban estas lágrimas tuyas, y poco importaba si existían él, ella, o ambos, porque simplemente no eras, porque nada había querido el encuentro.
Por qué razón jamás supe de vos, por qué tocó que fuese ese día y no otro, y que fuese ahí y no en otra parte, y no antes; antes de él, antes de los adioses y la muerte; cuando los kilómetros de empedrados buscaban enterrarlo, clamando una respuesta; cuando no existía nada. Cuando todo fue nada.
Que me querés, que te angustia casi todo, incluso yo; yo que pienso en tu cotidiano, y no me lo creo, porque ... sos también vos cuando estás conmigo. Que existas explica todo lo pasado,  lo sufrido;  lo perdido.
El último otoño, no lo hubiese anticipado, eso, esto; que hoy significarías tanto. Esto que desplazó el sentimiento arraigado, que vos sí, vos sí podías volver ceniza todo aquello. Que vivo en los abrazos, por el aroma y el sabor de los días compartidos, por todo lo pendiente. 
Y este querer que desfallece, que hace que estés conmigo a pesar de las geografías; que me habites a cada instante. Que juntos no de miedo, que con vos nada más haga falta. 
Y no, la pena no. Eso no. Ni tampoco la compasión de los que se dan cuenta, y seguramente te reclaman, te piden que no me dañes, que ya fue mucho, que no sumes pesares. Aunque no sea así, aunque saber de vos vuelva nítidos los colores y los días, las ganas y la fe, y ya no importen el desamor ni el destrato, ya no, porque este era el premio. Habría recompensa. Eras el por qué. 
No sé si ignoras que esto pasa. Si imaginarás como se comprimieron todos mis adentros. Si sabés que te perdono, y te espero, y que estoy aunque te lo niegue, porque no podés; no, no es justo hacernos esto...
Que la angustia, y la verguenza, que la culpa, ya lo sé. Lo sé todo. Mucho más. Te quiero como sos. Impensable...
Así; tu ser todo...

30 de marzo de 2012

Cruel



Creo que nos subestimaron demasiado tiempo.
O creyeron que les creímos.
Hay silencios y silencios. Pero hay silencios que son demasiado parecidos a la estupidez.
C.R.

No era endeble. Duele como una piedra en el pecho, sube a la garganta, se evapora en lágrimas. Tengo frío, calor.  Pocas fuerzas. Me quiebro y pienso, en lo imperioso de apartarme, sí, como dijiste vos hoy, vos que no me conocés ni quiero que me conozcas, cuando decidí no compartir el almuerzo. Nada me une. No habrá tregua. Lisa y llana dicotomía.
Me zambullí en el sentimiento incipiente que busqué eludir, que hoy perfora, dobla, tuerce; retuerce. Ahoga. Quita las ganas y las migajas de fe. 
Fue por enésima vez. Fue figurita repetida. Fue mi deseo la noche del ocaso. No, no se cumplen...
Pedí verte. Rogué por el diálogo final, o las meras noticias de vos. Supliqué un descanso, una pausa que renovase las fuerzas. Paisito, me fallaste. Se acabaron las sorpresas, y en medio de predecibles: vacilo, ando, permanezco, sostengo, me levanto. Sin rumbo. Emergo. Me hundo.
Tu ojos y tu voz; tus manos, justificaron el dolor. Lo salvaron. 
Esto ya pasó. Esto ya fue. Fue una noche de lágrimas y escalofríos y la esperanza en el ruego. Ya me asfixié. Ya temí. Ya descreí y regresé del abismo. Ya dolió. El imprevisto; el azar más insospechado. Tu compañía; fue mentira.
Pero hoy no estabas, ni estuviste hace diez y hace veinte. A mí sí me hubieras tenido. A tu lado. Entre mimos y abrazos y dolores a medias. No escuchaste, no estuviste. 
Una vez más ante el abismo incierto. Sola. Como de principio a fin. Como casi siempre, y sin embargo, tu ser todo se derrama en mí. Tus imágenes, las que tengo de vos, las letras; superpuestas. Lo vivido. Y me derrito y evaporo. Me contraigo y estremezco. Cruel.

24 de marzo de 2012

Venturas


Ver si salen, si emergen las letras hundidas; confusas, non finitas. Si surgen los colores, los días diáfanos, la música en los oídos. Si el azar permite la sorpresa, si las vicisitudes conducirán a alguna parte. Vibrar. Es energía. Es magia.
Y el recuerdo de mis días naranjas, rodeada de voces que ya no están, del abrazo y tus ojos, y ese fundirnos que aplazaba el resto. Sí, fue sin retorno. No volví. Aún no. Todavía me pienso en esas mañanas colmadas de porvenires, en ese todo por construirse. Todo por ser. Los ayeres justificados.
Volver a los lugares donde fuiste feliz tiene ese riesgo. Nada fue como entonces, todo se vuelve recuerdo y nudo en la garganta; brívidos en la piel, la mirada húmeda y cuesta el ahora tan incierto; me cobijo en lo que fui y ya no seré, porque ya no estás, ni estarás.  Porque te fuiste sin futuro en espiral. Fueron círculos.
Y cuesta creer que ya no. Que aquella fue nuestra última montaña. Y no extraño tu voz porque estás conmigo. Porque no será para siempre. Que haya por qué;  por algo.
Quiero brillitos en el aire; tu compañía y tu voz. Las ganas. El imprevisto. Lo postergado. Lo impensado. 
Duele creer menos, duele que no estemos; que los segundos infinitos no nos tengan, no nos vean; ya no digan.
Los adoquines y el ripio, testigos impasibles.
Y las cosas, las nuestras, continuarán inalterables. Los lugares no extrañan, permanecen indolentes. 
Qué fue que fue, que quiso que fuese y ya no sea. Hasta la próxima sortija...
Que impere el riesgo, el aplomo y la mesura. 
Que cada hora merezca el recuerdo, que se renueve la fe, el sentimiento mute y la certeza gobierne. Incondicional. 
Ha sido ventura impar. Que haya tregua.


9 de marzo de 2012

Señales de humo

Horas vacías que llenamos de las actividades más incongruentes, y esa suma de nada, a veces nos lleva por algún camino incierto, donde quizás había que descubrir algo. Porque era azar o era el momento.
Cuesta ponerle letras al tema, cuando la sorpresa -ingrata por cierto- tuvo lugar hace pocos días. Fue sorpresa en todos los sentidos: la de habernos olvidado sin motivo aparente, la de su casita que canceló fronteras, dos de sus cuentos que hoy son celuloide; su rostro; su voz leyendo a Walsh; el recuerdo de sus alumnos, de algunos de sus docentes, de colegas, hermanos, amigos. 
Tenías todo por delante, todo por darse. El futuro ya te había otorgado recompensa. Tus letras eran tu mundo, y por medio de ellas, habías logrado llegar a tantos. Misión cumplida.
Cuando leí tu nombre, no dudé. Quedaba la esperanza del error, pero algo me dijo que la intuición era certera.
Te conocí por Marina K, por tus señales de humo, por esos sentimientos hechos palabra. Recuerdo tus atardeceres desde ese balcón muy alto, una cierta distancia que nunca trascendimos a pesar de la cercanía. Hubo también coincidencias. Hoy ya no importan. 
Te voy a recordar siempre por esas letras que supiste, más me conmovieron...

..."Tengo buena memoria para las fechas y soy de las que piensan en qué estaba hace un año, o hace dos, hace cinco, hace trece. También pienso dónde estaré en un año, en cinco, en diez. Creo que la única frustración sería que el juego diera por resultado que pese a los años las coordenadas sean siempre las mismas. Eso, todavía, por suerte, o por fuerza de movimiento, nunca pasó"...
¿Virtud o defecto?
Modalidad.
Imposibilidad.
Apegada a los lazos, o como sea, nunca pude despedirme de alguien para no verlo nunca más. Y si lo pienso, me desespera.

28 de febrero de 2012

Abrasa


Nunca fueron las estrategias. Las ignoro. No me creen. El azar más casual rige. 
No sé de artimañas, me evitan. Perdí.
Y amanece tu imagen que oscila en mí;  la que trajo anoche la lluvia, y sumó los meses sin vernos. Trajo tu voz, las miradas, el acierto. No vacilábamos, y a  pesar de todo, la certeza...
No sin confusión ni miedo; el deseo gobierna. El amor se esconde, se avergüenza de ser; de errar expectante. Abrigado en su guarida.
No había alusiones ni respuestas. No me decías nada.
Y refugiada en mí, me entrego; sin embargo. No te alejo, no te evito. He regresado sin artilugio, desprovista. Tu ser me abraza, me cobijo en vos; sin escudo. No hay murallas ni blindaje y sé, que no habrá revés, que nada cambiará luego. 
Sé de esperas y silencios.  No fue el enigma, fue el descuido. Fue no creer, porque de eso se trata. Casi al límite abandonamos: no, no era verdad. Defendidos.
Te dolió el amor. 
Me pregunto por tus noches, por esos regresos. Los domingos tan nuestros... 
Extraño tus brazos, los que me amparaban esta madrugada. Te extraño tanto. 
Me despertó el llanto; la nostalgia de nosotros aún anida; se quedó conmigo.
Sé que suena absurdo, inconcebible. Me toca. Resuena. Insiste. Abrasa.
Estropeamos un mañana posible, y tantos amaneceres. 
Qué fue que fue, que logró la distancia y el desafecto. 
Aquel, ese otro que nos completaba y sumaba; bastaba su ser. Hoy es nadie. Hoy es nada. Hoy es nudo.
Cuando las piezas ensamblaron y la ventura, y no inculpábamos porque todo pasado mereció haber sido. 

El gris y la vigilia te desplazan. 

23 de febrero de 2012

Antinomia

Somos seres divinos viviendo una experiencia humana

                                                               
Ampara el anhelo de que llegue acompañada; de la mano de la misión cumplida, del deseo satisfecho, del aprendizaje implícito; sin embargo, impera en el instante menos preciso, en medio del cotidiano más usual, de la rutina más vana. 
No nos deja sabor a calma. 
No arremete después de la meta alcanzada, sino en el intento. 
No nos sorprende saciados, consumados; completos. Con la prisa de estar yendo a ningún lado.
Porque, cuántas horas, repletas de minutos y segundos infinitos; días y semanas muertos de pena, sin la certeza del hallazgo ni la emoción de lo distinto. Habilidad adquirida por la conformidad. Secuencias inagotables de días que no se dejaron ser; cuando ya siquiera martiriza el hartazgo, cuando basta lo indispensable para sentirnos plenos, casi íntegros. Vivos. 
No habíamos hallado el amor, después de uno y mil intentos; ni la hora al fin nuestra, ni el momento preciso. No había habido certezas y sí la incertidumbre; extravíos.
No nos había alcanzado ni el sueño ni la gloria, no perfilaba aún la claridad ante el camino incierto; arduo; mil veces idéntico, con el reparo puesto en un mañana por fin distinto; en el día que no fuese ni igual ni semejante. La hora pareja. 
No se emparejó la suerte. No hubo mensaje, conclusión, ni anticipo. 
Aún  faltaba sentirse dueños, hacedores últimos. Simplemente éramos. 
Remata, ultima. Sin mensaje previo. Sin razón. Basta el antojo, el capricho. 
Con el derecho como utopía. Cedemos; absurdos; reticentes.
Volveremos, tal vez, a aquel lugar del que olvidamos haber partido. Se trate quizás del epílogo, o apenas del inicio. Cuesta asumir la posibilidad de lo definitivo. 
Imperecederos, sumamos, porque aún resta tiempo.
Cavilamos entre pretextos bien buscados; devaneo casual. 
Construimos, dejamos huella; lacramos. Nos lacran.
Pasajeros sin retorno, que ignoramos la línea de llegada. El después.
Olvidamos el motivo. 

9 de febrero de 2012

Cíclico


En aquella tarde de abril, nada anticipó el encuentro. Pudo tratarse de instantes; efímeros, que no pasarían a transformarse en recuerdo. Sin embargo, participaste de mi amor a primera vista por aquellos ojos azules; la mirada del maestro Benedetti, me surgió decir, y el aire de Pepe...
Inmediatamente lo llovieron las lágrimas, y emocionado me rogó que no dejase de llamarlo en mi próximo viaje a Montevideo.
Vos te acercaste, a salvarme de mi ignorancia, y a contarme quién era. Fue en el Patio de los naranjos.
Es ahí cuando le imploro; nada lo eximiría de llevarme con él a su paisito anaranjado...
- ¿Anaranjado por qué?
- El maestro decía que era verde, pero para mí siempre fue anaranjado. Por los atardeceres de casa Pueblo, de Punta del Diablo.

"Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano"

La noche permanece imborrable, en los jardines de otra embajada. Yo llevaba un bolso de tela blanco con un corazón negro que decía "L'amour foux".
A la mañana siguiente empezaban las jornadas que nos ocuparían casi veinte días. Y aquel, desde sus ojos color cielo, me daba la bienvenida. Repite que para él seré inolvidable. Respondo que no me podrá olvidar porque me tendrá muy cerca siempre.
Los días transcurrieron afanosos; la pasión unánime, el placer desmesurado. Laberinto de deleites borgeanos. Encuentros desde siempre. Y así, me alejaba de mi vida de hacía tanto para acercarme a ellos, que parecían llegar por vez primera y sin embargo, los sentí cuánto más cerca.
En cinco días ya era otra, otra que no olvidaba a la anterior, pero que se sabía fuerte y segura. Determinada. Al fin entera. 
Los mensajes del alma sonaban a modo de mantra. Daban la energía para continuar, segura del camino incierto. 
El día anterior a aquella tarde, había estado con vos, hermanito; con vos y tu Carlos Keen, cuando de nuevo los colores del cielo se parecieron a los nuestros, y el restaurant 1800 y tu casa blanca ya no dolieron.
Pero todo comenzó después de Tigre. No supe escaparme, quizás no quise, tal vez era mucho el dolor del destrato, de mi sueño; el nuestro, depositado en vos; de la esperanza que comenzaba a hacerse añicos por tu distancia insondable que ni siquiera quisiste fingir. 
Tres conciertos dieron marco a esos días. 
Nada hablaría del después, de aquello que quisiste no tuviese pasos de comedia ni de drama, de lo que te hizo no ocultar a tus hijas, a tu ex mujer, ni a todo tu entorno, el vinculo que crecía. 
Sopesaban las miradas. La desaprobación, el desconcierto o la envidia. Jamás lo supe.
En medio del caos, estuviste lejos.  Sí, ya sé que interpreté mal, que nada más lejano a vos, querer distanciarte. Lo sé y quizás fue verdad.  Acaso nos aferramos a lo que sentimos más nuestro. Necesitamos hacer pie en algo cuando todo tambalea, y sentir tu distracción, sufrir tu ligereza y olvido. Fue mucho.
Porque tu parecer no definiría, ni el tuyo tampoco, pero precisaba saber que algo, de todo lo que me había rodeado había sido real. Verdad. Porque en el medio del laberinto, nos encontramos más solos, menos contentos. Certeros de la unidad. 
La causalidad quiso que aquel día de junio, mucho después de tanto, del amanecer que nos reconcilió en primavera, y nos alejó sin duelo ni señal; un bar, una ventana y una tarde , te viera; y fue verte y saber que aún importaba el pasado compartido, y que la añoranza se adueñaba del presente. Porque es continuo pero no es contundente, porque en él somos, pero en el otro fuimos y seremos. Porque somos todo aquello que hemos sido, mucho más que en la inercia, mucho más que en este instante perecedero...
Y la magia de la casa de ella en Palermo, de los manuscritos de Camus, de los retratos de Drieu, y los programas de la Pleiade; de Callois y Borges juntos, de Victoria  y de Julio, y era otoño, un poco gris; era de tarde ya, y la exigencia del último mes había sido extrema. Diez llamadas en treinta días no es apto para todos los cerebros. Sin embargo fue posible, había salido ilesa,  y esa mañana la coronaba el Delf -nada más en sintonía- confirmando una vez más, mi amor incondicional por esa lengua con la que tanto costó lidiar en los comienzos, cuando a los seis años, el azar quiso que, ineludiblemente me zambullese en ella.
Vibré en la frecuencia exacta. Sentí que ese era mi momento y mi lugar en el mundo; ya desde hacía un tiempo también estabas vos!
No sé si ya sabía que te quería mucho. Sí sabía que eras importante, y al día siguiente busqué contarte; contarte de ese lugar que descartaba sería también el tuyo. Si no me falla el recuerdo, fue nuestro primer email. 


La tarde también trajo recuerdos de una década pasada. Las calles de Palermo Chico, hablan; me hablan. La casita verde, la patisserie, la terraza al río, los tés en el metropolitano...
Volvimos a casa. Volviste para irte. Quizá colmado de vergüenza, de deshonra. No supiste ver que no importaba. Que el afecto y el reencuentro, era más importante que el momento, que el supuesto revés. 
Tal vez te malograste. Busqué defender, y no,  fallaste en tu contra.
Quedé desprovista e incompleta, mirando hacia adelante. Vacilante. Nada afirmaba los verdaderos por qué. 


Enero. Tu llamado imprevisto, el que acerté no repetirías; la frescura en el diálogo y la cotidianidad, no conducían a esta displicencia, a este equívoco que hizo que hoy te comunicases conmigo sin quererlo. 
Mi dualidad te responde. Una, la que querría decirte "No, hasta cualquier momento no, y pensá dos veces antes de buscarme, si es que tenés claro que es lo que hace que esto se haya vuelto cíclico". La otra,  la que sostuvo la charla sintiendo la distancia; la que del modo más ameno buscó hacer caso omiso a la lontananza del diálogo, o a mi monólogo sostenido por el respeto que te tengo; aquel que he tenido siempre por todo ser con el que no sólo se cruzaron caminos, sino que valió el afecto, se compartió vida; la comunión de cuerpos, los amaneceres. Porque creo que te quise mucho, a pesar de las pausas, porque si no, hoy tal vez no necesitaría contarte esto.

1 de febrero de 2012

Umbrales



Adolece el recuerdo de otro tiempo. Quién fui, quiénes éramos.
Todos aquellos retazos, huellas de nosotros, tan nuestras, el encuentro nuevo y la nostalgia del mañana endeble.
Me quiebro en vos.
Confiar en la prioridad por venir, donde no llegaremos tarde a ninguna parte. Arribará la hora y el momento preciso; la certidumbre de lo propio. Único e irrepetible. La certeza en el acierto.
Nos tocó ser en aquel lapso imperecedero; templa y aplaca haber sido.
No te preciso esquivo; tu actuar elude, descree. Los eufemismos.
No bastó la entrega, ni mi ser en vos. Vos en mí...
Afanosa búsqueda del camino; fue necesario compartirlo. En tus ojos me hallé viva.

Y hoy vos, con tu palabra que determina, con tu ser todo, completo, que no evita. Desprovistos.
Quiso quién sabe quién que nos hallásemos. Cuántos ayeres ocurrieron para el encuentro.
No hay desgano. No hay reproches. Íntegros. Incondicionales. Así te quiero. Sin escalafón ni prejuicios.
Los aniversarios ya no atañen. Las fechas ya no duelen. El recuerdo vivo no adormece; yacemos y andamos. Vigilia latente.


Vivirás en mí, como quien cobija lo más preciado y eterno; destinos separados, quizás lejanos.
Tocó que fuese así. Descreíste. 
Tu hoy distante; mi misión certera, y por fin los anhelos.
Fueron necesarias muchas noches, distancias infinitas; los pasos vagos; fue preciso descreer, vacilar, para este devenir sin miedos.

 
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